miércoles, 9 de agosto de 2023

 Mira el cielo ceder

y a la tierra después



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Déjate caerDéjate caerLa tierra está al revésLa sangre es amarillaDéjate caer
El viento ya no soplaLa boca bien cerradaAmárrate los piesPiensa en tu madreY déjate caer
Mira al cielo cederY a la tierra despuésVuelve a creerLa sangre es amarillaDéjate caer
Las olas ya no mojanLa ira de las rocasAmárrame otra vezUn beso a mi madreY déjame caer
Mira al cielo cederY a la tierra despuésVuelve a creerLa sangre es amarillaDéjate caer
Consuélame otra vezPorque no pienso volverEl suelo tiene sedLa vida es imprecisaDéjate caer
Las horas no demoranA mi alma desertoraExplícalo muy bienSe abre la tierraEl cielo esta a mis pies

martes, 8 de agosto de 2023

Esto sí es de hoy: 8 de agosto.

 Medio día. En verdad más que medio día. son las 13:11 hrs con hambre y sueño. Anoche dormí pésimo. Me desperté a muchas horas. Transpiré mucho, me moví mucho, me dio mucho frío también. Tenía mucha sed. Soñé muchas cosas. Una vez más con la Sofi. No entiendo por qué pasa lo que pasa en ocasiones. 

Anoche volví a pintar después de años. Siento que me pasó lo mismo de esa vez en el 2012 que después en la noche soñaba con explosiones de colores que hasta ahora recuerdo. Al final estaba delirando, tenía fiebre y era producto de la amigdalitis. Nunca fue producto de la emoción. Ahora podría decir lo mismo: no es producto de una emoción, es producto de mi ansiedad con la que ya no puedo más. 

Intenté ir a psiquiatra pero tuve que cancelar. 90mil pesos costaba la consulta. Eso es más del 10% de mi sueldo. Aún así, gracias a ese sueldo, creo que radica el 90% de mi infelicidad. El otro diez restante podría rendírselo a mi pasado. 

No-borrador no-infinito de ayer: 7 de agosto.

 Leer a otros me hace bien. De alguna u otra forma es como un empujoncito a correr. A correr a escribir. O a andar en bicicleta, tal como lo hizo la Caro en una tarde de verano cuando éramos niñas. Nuestros paseos en bicicleta son de las mejores cosas que recuerdo, también la emoción de no haberme caído y haber seguido sola en el camino. 

A veces pienso que estoy en algo así ahora. No sé cuánto dure ese ahora, pero sigo sumergida en él tal como sigo sumergida en esta ciudad en la que decidí adentrarme. Desde junio que convivimos en este nuevo de partamento y está dentro de un condominio. Vivo en una calle muy transitada, en la cuadra que da entre dos calles aún más transitadas en en centro de la gran capital de lo que es Chile. Pero estoy escondida, hacia dentro. A veces pienso que mi realidad actual se ve reflejada en eso, en mi espacio. Veo luz y calidez en mis paredes por reflejos de otras ventanas que tengo pegadas a mí. Pero no es tan terrible como a veces piensan. 

Dejé de insistir en aparentar esto que llevo encima. No sé bien qué es, no creo tampoco que alguien pueda lograr entenderlo. No sé si es la acumulación de sucesos, la acumulación de traiciones, o la acumulación de abusos. Súmale a eso la acumulación de exceso de estímulos que no quiero vivir pero que vivo a diario estando acá. Yo sé que hay muchas cosas por las cuales no quejarse pero a veces siento que no puedo seguir viviendo. Estoy acá en mi trabajo escribiendo esto y son las 15.25 hrs de un día lunes, es decir: la pena no se remite a los estados de soledad ni tampoco de falta de energía. Tengo sueño como para una siesta, sí, pero eso es normal. En realidad todos los días tengo sueño como para una siesta. Pero voy a que no es tanto como para que mi cuerpo me haga sentir excesivamente deprimida y así tener ganas de no vivir. No sé si precisamente en este momento tengo ganas de no-vivir, sin embargo, no tengo ganas de ir -nuevamente- al gimnasio porque me quedaría encerrada escribiendo, reparando mi cámara estenopeica, pintando, conociendo mis colores, re-aprendiendo a dibujar. Estoy en un momento más adentro que nunca y siento que todo lo exterior me ahoga como si de ahogarse se tratara la vida. No quisiera preocupar a nadie en realidad, estoy un poco cansada de eso. Pero al final igual termina pasando. Siento que no estoy disponible para nadie más que para mí misma, con suerte, para mí misma. Me pregunto entonces si seré merecedora de amor y compasión. A veces creo que no. Y eso no está bien pero el resto tampoco se merece mi —mala— presencia. 

Gracias Javi por el Tofu y las papitas duquesas y el quequito de anoche con chocolate y nueces y por el pancito con huevo revuelto envuelto en papel de aluminio y por el queque que me cortaste y envolviste hoy en la mañana y por irme a dejar en buzo al metro y por los besitos que me das cada día cuando ya no puedo seguir existiendo. Me gustaría mucho poder entregarte eso y tanto más. Un elefante está pisando mi pecho. No sé si es la emoción de amarte o si es el mareo de lo mal que me siento por seguir viva aquí en esta oficina de la cual ya no me siento tan ajena pero que ni por costumbre podría sentirme algún día bien.