martes, 22 de febrero de 2022

A propósito de mis sueños en donde me he visto gritando tanto:


"Al tomar forzosamente conciencia de mi propia mortalidad, de lo que deseaba y quería de mi vida, durara lo que durara, las prioridades y las omisiones brillaron bajo una luz despiadada, y de lo que más me arrepentí fue de mis silencios. ¿Qué es lo que me daba tanto miedo? Cuestionar y decir lo que pensaba podía ocasionarme dolor, o la muerte. Pero todas sufrimos de tantas maneras todo el tiempo, sin que por ello el dolor disminuya o desaparezca. La muerte no es más que el silencio final. Y puede llegar rápidamente, ahora mismo, más allá de que yo haya dicho lo que necesitaba decir. Sólo me había traicionado a mí misma en esos pequeños silencios, pensando que algún día iba a hablar, o esperando que otras hablaran. Y empecé a reconocer una fuente de poder dentro de mí al darme cuenta que no debía tener miedo, que la fuerza estaba en aprender a ver el miedo desde otra perspectiva.

Yo iba a morir tarde o temprano, hubiera hablado o no. Mis silencios no me habían protegido. 

(...)

¿Qué palabras les faltan todavía? ¿Qué necesitan decir? ¿Qué tiranías tragan cada día y tratan de hacer suyas, hasta asfixiarse y morir por ellas, siempre en silencio?".


(extractos de "La transformación del silencio en palabra y en acción", Audre Lorde). 

martes, 8 de febrero de 2022

Llevo como dos meses de distintas luchas con mi cuerpo. A veces pienso que es contra él, pero en realidad es junto a él, o al menos ahora trato de verlo así. Luego pienso que hay tantas batallas en mi cabeza que el cuerpo aúlla de la forma que puede. 

Veo cosas allá afuera que dejo que hablen por mí, o descanso en ellas. Películas, canciones.

Había soñado con mi garganta también, hay formas de verse dentro de una misma y los sueños son una de ellas. 

Luego de dos días de ese sueño desperté con ella irritada y resulta que al otro día di positivo a covid. Cuando leí el resultado me dio una especie de tranquilidad y a la vez de pena, fue súper raro. Algo entre que "cómo no me iba a dar en estos dos años" y un miedo que es difícil de explicar. También algo de risa porque ya estas semanas han sido un poco el colmo, supongo que es una forma de rematar lo ridículo que puede llegar a veces a ser todo. 

He estado bajita de ánimo y energía, pero mi cabecita ha logrado descansar aquí un poquito. He podido descansar mejor y subir un poco de peso. Todo está un poco más tranquilo. 

Y así,

a pasos pequeños.

 Nunca sé bien cómo empezar. Me cuesta ordenarme. Esto más bien parece un vómito. El concepto de vómito nunca me ha dado asco, más bien siempre ha funcionado como una clara referencia a lo que me pasa, de una forma metafórica, pero también literal. Es tanto lo que me pasa que termino expulsando todo como un volcán. Eso también es una buena referencia a lo que me pasa. Mi cuerpo aguanta resiste tanto tan seguido. Ya no puedo. 


Mi garganta está dañada, es harto lo que le ha pasado. He soñado con ella, ya no puedo forzarla más. El covid me afectó primero por ahí, fue la primera señal. Es lo que más he intentado cuidar. Si sigue callada, ya no sé qué más. Cuando lloro se cierra. Cuando lloro ya no puedo comer más. ¿De qué formas está gritando esta carne? 


Ahora bien lo de mis tetas ya no entiendo bien qué es. Van y vuelven en su dolor. Es tanto lo que está sucediendo en un solo cuerpo, yo solo me digo a mí misma que no es para tanto. No es bajarle el perfil, es invitarme a verlo desde otro punto, no tanto desde víctima. Lo intento todo el tiempo. 


Quiero escribir relatos. Ya no puedo tanto. He perdido el ritmo, tengo que leer más. ¿Cómo leer si no tengo libros a mano? Están todos escondidos. Quiero leer algo que me entienda. Las letras me leen a mí. El entorno me vive a mí. Es una respuesta. Pasa por sí solo. 


Estoy cansada, estoy tan cansada. Yo sé que puedo seguir un rato más. ¿Qué decisiones estoy tomando? Quedo con sueño después de las terapias. No sé si me estará faltando oxígeno o qué. Completé mis tareas, tengo miedo de seguir, con los cambios. Estoy agradecida de estos días, he podido calmarme un poco. Tengo sueño, no puedo seguir durmiendo. Me siento bajita, disminuida. Solo quiero descansar en unos brazos un momento. 


Quiero tanto hacer cosas, siento tanta envidia. Mi energía se está esparciendo por todos los rincones de este planeta, estoy perdida. Estoy confundida, dispersa, desconcentrada. La pena a veces es tanta que me pierdo de mí misma.

martes, 18 de enero de 2022

 en realidad, no sé muy bien qué estoy haciendo. Sólo sé que llevo un tiempo prolongado sin poder escribir desde la guata. Siento que me alejo tanto de mí misma, estoy perdida de tanto estar acá. Siento que ya no sigo, que me quedé atrapada en un espacio tiempo entre tanto recuerdo y tanta luz falta de movilidad y no sé. Todo cambió, todo se sigue sosteniendo de alguna que otra manera no tan buena realmente. Perdí tantos caminos, intento hacerlos por mi cuenta. Me hace falta soñar. Me hace falta avanzar. Dejar atrás. Siento que no puedo escapar de este loop infinito de producción, la cabeza ya no me da más. Las manos el cuerpo está por el suelo. Me cuesta dormir, me cuesta soñar. Al menos he reconocido un paisaje anterior a mí. Eso sí que suena real. Me conmovió de sobremanera sentirlo, y es que la gente no me cree, no me creerá nunca. Pero sé que fue real. Sé que existe. Sé lo que sentí.


Qué son los recuerdos? no sé. Me hacen sufrir. A veces quiero olvidar más de lo que ya olvido.  

sábado, 4 de septiembre de 2021

 Estoy tan enojada

escribiendo

frente al computador

cansada

odio todo

nunca dejaré de escapar.

martes, 31 de agosto de 2021

31 de agosto

Estas fotos que hicimos para el primer número de @erraticas.cl creo que es lo mejor —y quizás lo único bueno— que he hecho este año en cuanto a fotis y que me devolvieron las ganas de vivir y de seguir haciendo esto. Pero han pasado como seis meses, les he dado como caja en todo lo que me ha resultado este último tiempo. E igual está bien. Hoy la recordé porque la @lejannel la tiene en la pared de su casa, y se veía linda. Aparece en la página central de la revista impresa. 

Y también una conexión no muy conectada, hoy es el cumpleaños de mi mamá. Y subo esta foto porque a ella le hace muy feliz que haga fotos de desnudos, que yo misma me los haga, y está tan orgullosa que le cuenta a todo el mundo que hago fotos en pelotita a mí misma y a otras personas (yo creo que es una de las tantas formas de proyectar sus cosas y deses, en este caso la libertad, en mi persona, su hija). Y también quiere empelotarse frente a mis lentes y equipos, yo lo encuentro hermoso. Es bacán ver cómo vamos creciendo juntas a lo largo de nuestras vidas :) .

Y viva andar a potopelao <3 .

viernes, 25 de junio de 2021

Una mañana de jaquecas.

Empezó a llover y se confundían las gotas con mis pensamientos, estaba siendo bombardeada por rabias y contradicciones. Esa noche me dormí temprano para no pensar más, dormí nueve horas /pero pensé más/ soñé mucho/ desperté abombada/cansada. Eso terminó transformándose en una jaqueca que los primeros quince minutos de mi día no entendía lo que significaría. Una hora y media más tarde entendí qué significaría. Mejor me levanto a tomar agua a ver si sólo era deshidratación. Mejor me tomo dos melipass y veo si es que sólo era tensión transformada en bruxismo. Mejor me levanto y siento el agua de la ducha y salgo del encierro a ver si era algo mental. Me di cuenta que no se me pasaba con nada de esas soluciones cotidianas porque ya sentía náuseas, así que tuve que obligarme a comer para preparar mi estómago para recibir la bomba de pastillas que sabía que vendría. Decidí hacer mi cama para que estuviera lsita a la vuelta, mientras la hacía me sentía cada vez peor y me lamentaba de que por qué no me levanté antes, que si ya me hubiera tomado la pastilla hace una hora en este momento ya no estaría a punto de vomitar mientras hacía la cama. Que por qué estaba haciendo la cama y no iba camino a la farmacia, que habría un desfase de 5, 10 o 20 minutos de aliviar mi jaqueca, pero que si no la hacía más rato igual estaría tan mal que no podría ser capaz de hacer mi cama. Y salí, y busqué mi paraguas que no usaba del año pasado, mi paraguas rojo, ese bien bueno de La Copec, con nubes al interior, con la punta de madera, con la punta de la punta metálica. Salí con lluvia sin importarme mucho, sólo quería llegar. Habían dos verdes en la esquina donde siempre hay rojos, pensé que este día no sería tan malo. No esperé nada en la fila. Por primera vez me compré dos cajas porque esta vez me lamenté más que nunca no haber tenido pastillas a mano. Y llegué a casa, y me tomé una y media, y me acosté, me estaba esperando el guatón. No dormimos cucharita pero ahí estaba. Me intenté dormir, sentía que estaba a punto de vomitar. Ya no quería existir más, me puse a rogar para nunca más sufrir una jaqueca. Haría un pacto con el diablo si fuera posible, un pacto con el diablo para no sufrir más jaquecas. Para apagar mi mente. Para nunca más querer vomitar. Para nunca más ser consumida por mí misma.