sábado, 22 de junio de 2019

¿Será la tristeza distinta en otros lugares, determinadas acaso por las condiciones atmosféricas
lumínicas
probabilidad de precipitaciones
horas de luz del sol sobre sus caras
contaminación ambiental
metros sobre el nivel del mar? 

No sé,
a mí me está volviendo loca este invierno culiao
con su oscuridad culiá
con su humedad culiá
con su vaguada costera a medio día culiada
con el sol que aparece cercano cuando ya está en alto al frente de mi ventana hasta las dos de la tarde
(o al menos aparece)
con su nulo calorcito.

De todas formas me imagino que en el norte me estaría volviendo loca la soledad
no sé si tan distinto a acá
solo que allá en los paisajes no habita nadie porque es inhabitable
acá
todo lo habitan como sea
hay tanta gente y tengo tanto miedo
que vivo en una constante soledad intranquila
con mi esguince crónico en ambas patitas
que ya no sé qué zapatillas ocupar porque todo me duele
pero al menos hay algo que ya no me duele:
los huesos
o no es que no me duela
es que duele menos y eso es ya un gran paso para el invierno,
para todos los inviernos SINCE 2014. 
No sé cuál de todos mis inviernos fue peor,
 sólo sé que el 2013 fue menos caótico y que agosto fue muy bacán, y yo lo sabía, yo estuve consciente de eso. Todo estaba tan tranquilo y equilibrado. Después todo se fue al a chucha porque así es la vida, todo se va a la chucha siempre porque todo es así, porque todo es inestable y porque todo nos vuelve locos y si es que se es una persona tan sumamente sensible como yo que hasta lloraría por una lagartija atropellada pero que se limita a no hacerlo pero que lee todas las weas de facebook y termina con una angustia tan terrible dentro de sí que termina llorando y con un grandísimo dolor en el pecho que la viene aquejando desde octubre o noviembre del año pasado (...) obvio que va a afectar de alguna u otra manera. 

No sé si resista esta vez. Estoy intentando todo. Estar tranquila. Contar las vueltas para no volverme loca. Volverme loca intentando llegar al destino. Ya no puedo. Sí puedo. Si pude hasta los diez pude hasta los 16 y luego hasta los 20 y por si a caso hasta los 25. Si es que se pudo una vez se puede seguir ¿pero a costa de qué? De cansarse incesantemente. De cansarse con tal de un porque sí. Sé que puedo pero no sé si podré llegar entera, por completo, con todo mi yo. Pero al menos tengo motivos y son varios no es un solo. Son muchos, o eso intento.

sábado, 15 de junio de 2019

no (querer) estar
en ninguno de los dos lados












porque no pertenezco

jueves, 13 de junio de 2019

Ser el agua que me cura

No era primera vez que escuchaba su nombre.  Todo tenía tanto sentido: los colores, las sombras, el movimiento. Y luego la repetición. Aquí, allá. Más cerca. En todos lados se aparecía. Se sigue apareciendo. Empieza a cobrar sentido. Todo empieza a tener un orden, una correlación infinita hacia todas las direcciones.

Me despierta alegría. Llanto. Nostalgia.

Provoca algo en mí.

Me recuerda a mi madre,
a que reconozco la forma de entonar su voz cuando me miente intentando quererme un poco más de lo que es en realidad.

Reconozco
el pasado
la tristeza abundante,
lo único estable en mí.

Ya no sana,
continúa allí.

sábado, 25 de mayo de 2019

El cielo en Quillota



Lo único que ha estado hablando es la materialidad fotográfica exteriorizándose de la forma más oportuna, como una extensión de los sentires.
La sensibilidad se calla,
el cuerpo responde gritando.

Nunca creer
en las delicadas coincidencias.

El presente está sobreviviendo así,
y es todo lo que está rodeando(me).

Nocturnidad

Soñé anoche que volvía a participar en un corrida. Pero era una corrida nocturna, en un extraño pueblo. Como esos lugares que visité tantas veces cuando chica, hace ya unos diez u once años. Viajaba por la quinta región con un grupo de personas que nunca he sabido explicar nuestra genuina relación pero linda, aunque colmada de dramáticas situaciones de las cuales yo no debería haberme enterado, o preferiría no haberme enterado.
Viajábamos por la quinta región yendo a corridas: 2, 4, 5, 8, 10 kilómetros.
Conocíamos gente.
Nos sabíamos las caras.
Las fotos se extraviaron.





Conocí tantos lugares costeros, tal vez de ahí viene mi necesidad de ahondar en esos pueblos fantasmagóricos que encierran dentro de sí alguna especie de somnolencia infinita. Arena, olas y sol cargadas de superficialidad para sus residentes habituales.

Todo está lejos.




Tal como mi sueño.








iba primera, no era un escenario difícil de imaginar aunque sí lejano. La sensación era la misma. Hasta que me perdí. Iba tan rápido y tan adelante que me perdí del camino, por una mala organización. Y llegué al final de un camino de tierra con construcciones a punto de ser demolidas en un escenario nocturno. Al darse la vuelta hacia el resto del camino de regreso se interponían unos perros que probablemente me acorralarían y me morderían.
Lo supuse,
lo pude sentir en la atmósfera del momento.
Y yo ya había parado, perdí el hilo, me comió el miedo.


Minutos más tarde aparecieron unas chicas de la edad que yo tenía cuando participaba en esas cosas,
me ayudaron.
Me guiaron.
Detuvieron a los perros, me abrieron el paso.
Ya me habían pasado, pero yo ya iba tranquila.
La multitud se olvidó de mi existencia, se enfocaron en otra. En otra que siempre me quiso ganar, a mí y a todas. Porque éramos amigas pero también éramos competencia.


Y de apoco, fui alcanzando.
Sobrepasé las motos,
los autos,
la gente.


El resto lo olvidé, pero qué importa.



Prefiero quedarme con la sensación de la pérdida de orientación y mi propia guía.





Sé que algún día conoceré esa muralla de adobe a punto de caerse, el camino de tierra, y los terrenos baldíos llenos de maleza verde.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Noviembre




Subo estas dos fotos porque son dos de los (varios) mejores comienzos que he tenido, ambas del 2016. Tengo muchas fotos a rollo incluso de uno o dos años antes a esas pero creo que el haberme dedicado a esto ha sido una de las mejores formas de (auto-)sanarme que he encontrado. No puedo hablar de una imagen resultante pero sí de lo que me pasaba en ese momento en torno a ella, y eso es bacán, porque siento (y a veces es tan evidente) que pareciera que olvido tantas cosas que pasaron en ciertas épocas (¿salud mental o la muerte de mi memoria?) que me desespero, tanto como si no lo hubiera vivido.
La primera fue del viaje a Uruguay en noviembre, del que siempre hablo de anécdotas y recuerdos que sólo sucedieron en el transcurso de 13 días. Primera vez que me dedicaba a sacar fotos en análogo, que volaba, que salía del país, que dejaba atrás tanto (tanto) tiempo malo, que aprendí a revelar, que vi aparecer una imagen en un papel en un cuarto con una tenue luz roja.
La segunda fue del día de mi cumpleaños (lo recuerdo porque ahí está, evidentes los globos rosado y celeste, muy Flickr eso). Mi primer experimento análogo, doble expuesto, la primera vuelta normal, la segunda en redscale. Casi todas las fotos calzaron, varias, y una gran parte bien resuelto el ejercicio. Ejercicio que duró al rededor de dos meses y medio, con temor, esperando a que todo ese tiempo transcurrido hubiese sido en vano. Pero estaba tranquila, ahí ya había decidido dejar muchas cosas atrás. Y resultó. Resultaron el experimento análogo y resultaron mis decisiones.
A veces a esta edad/en este momento/ veo lo mucho que mi trabajo fotográfico ha evidenciado mis cambios emocionales y psicológicos, mi forma de entender al mundo y de llevarme con él, mis paces y mis guerras conmigo y contra todos. Por que al final, fotografíe lo que uno fotografíe, siempre será un autorretrato.

martes, 13 de noviembre de 2018

Un martes, en mi cama pasajera.

Estoy echá en mi cama dentro de mi cama sin calcetines
tengo las patitas heladas obviamente
tengo el cuerpo acalorado
con el pijama azul de bolsillos en la guatita
me pica toda la guata las costillas las pechugas y un poco la espalda
estoy llena de granitos desde ayer en la mañana cuando aparecieron oficialmente en toda mi guata (a los costados, no al centro. Al centro no tengo casi nada, son las costillas las que más pican y los bordes del sostén pero en mi piel) después de la ducha temprano en la mañana en Quillota
Me muero si es el guatis el que me generó la turialergia, me muero de pena.
No creo,
pero tampoco comí nada raro
lo que sí es raro
son estas secuelas de pseudopulgas
que me tienen enferma
que no puedo dejar de rascarme justo ahora
que hace calor
solamente en mis costillas.
¿Habrá algo en especial que intensifique la picazón de costillitas?
No sé.
Lo único bueno es que hoy no me duele la cabeza
hasta me desperté sin dolor de cabeza
eso sí después de inglés al entrar al baño me quiso doler y yo como "puta la wea no de nuevo por favor estoy chata de estas cefaleas de mierda" y justo ahí paró cuando el B me dio un pedacito chiquitito de chocolate en esa facultad que no conozco en un tercer piso súper bonito en el Eje Brasil.
Tengo también granitos en el pecho pero esos no son tan insoportables
lo que sí es insoportable de mi pecho son mis pechugas que me duelen caleta y las punzadas en el pecho que me vienen hace ya varios días un tiempo un poquito ya considerable punzadas justo al centro de mí que no son cortitas tienen como ganas de seguir ahí un poco constante, triste como siempre, porque estoy chata de los dolores y todos y todas están chatas de mis dolores de mi currículo adolorido que quién cresta cree o quien piensa que no exagero que mi umbral del dolor es muy bajo? No sé, pero este conjunto de cosas me tiene más que enferma,
más enferma de tener todas las intenciones del mundo de cuidar mi guata que me duele por todo e hincharme igual en clases y no dar más de la hinchazón y estar chata porque no sé qué hacer ni cómo expresarlo ni cómo llevarlo más que un cansancio generalizado.

¿cómo no voy a tener pena de repente?

De todas formas, me compré un muffin y compré dos juguitos un guallarauco de frambuesa para mí y un arizona de uva para B y bonito todo un pancito a la pieza muy pruururur una idea que yo ya tenía pensada pero que se realizó antes y fue como en Arizona Dream que las cosas llegaban volando y se iban volando así fue como el pan de mi mente llegó a la realidad y a mi guata y me dejó de doler la guata y dejé de tener pena, pero empezó el dolor en el pecho y supe que mi vida todavía sigue sin resolverse. No sola, claramente, yo a ella. Yo sin resolverla, a ella.