Leer a otros me hace bien. De alguna u otra forma es como un empujoncito a correr. A correr a escribir. O a andar en bicicleta, tal como lo hizo la Caro en una tarde de verano cuando éramos niñas. Nuestros paseos en bicicleta son de las mejores cosas que recuerdo, también la emoción de no haberme caído y haber seguido sola en el camino.
A veces pienso que estoy en algo así ahora. No sé cuánto dure ese ahora, pero sigo sumergida en él tal como sigo sumergida en esta ciudad en la que decidí adentrarme. Desde junio que convivimos en este nuevo de partamento y está dentro de un condominio. Vivo en una calle muy transitada, en la cuadra que da entre dos calles aún más transitadas en en centro de la gran capital de lo que es Chile. Pero estoy escondida, hacia dentro. A veces pienso que mi realidad actual se ve reflejada en eso, en mi espacio. Veo luz y calidez en mis paredes por reflejos de otras ventanas que tengo pegadas a mí. Pero no es tan terrible como a veces piensan.martes, 8 de agosto de 2023
No-borrador no-infinito de ayer: 7 de agosto.
viernes, 19 de mayo de 2023
Encontré una nota de hace un tiempo que decía: Sacar fotos es obligarte a mirar tus heridas. Antes mis fotos cumplían uno, dos, o tres años, y sucede que ya desde el año pasado empezaron a cumplir diez. Desde ahora mis primeras fotos análogas empiezan también a cumplir una década. Y vaya que uno piensa que lo cotidiano nunca va a terminarse a veces, o al menos veo esas fotos, me veo a mí en esos recuerdos, y ahí está todo: las amistades, los chalecos favoritos, las luces de las casas favoritas, las plazas.
Lo primero que hoy ví —después de los últimos mensajes que me envió anoche Javi y que yo veo leo despierto— fue que se murió el bajista de los Smiths. Obvio que no pienso diariamente en si estarán vivos o estarán muertos porque simplemente ahí están, compartiendo este plano terrenal conmigo a pesar de que nunca se van a enterar que existo. Y como una necesidad absurda cuando ocurren estas muertes repentinas escuché todo el día sus discos. Hace diez años no había día en que no los escuchara y creo que no hay canción que no me encante de ellos. Pensé también en que el primer disco que me compré, Strangeways, Here We Come, me lo compré el 2016 en mi segundo año de U cuando recién me acostumbraba un poco más a esa nueva vida que había partido un año antes. Una de mis primeras cianotipias que hice cuando por fin dominaba bien la técnica, ya en el verano del 2018, fue la imagen de la portada del Rank.
Y así, cada canción banda o disco lo relaciono sin querer a épocas de mi vida bien determinantes y fotos que no sabía que serían tan relevantes para mí en el futuro.
A veces me impaciento mucho cuando no me está gustando lo que hago —esa necesidad absurda de producir obras—, pero me recuerdo que antes soy persona y que en un par de años más tal vez rescate unas 10 fotos en total de todo este año o de todo este tiempo habitando en Santiago.
lunes, 8 de mayo de 2023
ñ
Tengo el sueño liviano: [ante]anoche dormí mal una vez más. A menos de un mes de irme, en esta nueva casa he escuchado maullidos, cocinas muy tarde, gente rezando y pidiéndole cosas a dios antes de las 10 de la noche en el departamento del lado, autos sobre los adoquines, una detención durante la madrugada a un weon que se metió a nuestros blocks, gente culear en el depto del lado en donde yo pensaba cómo no les distraerá que se golpee una y otra vez el respaldo de la cama en la pared?, probablemente ladridos de perros, probablemente gritos de niños. De todas formas sigue siendo menos que el depto anterior y quizás qué tanto será diferente con el siguiente.
Estoy por cumplir un año estando acá en Santiago, aunque dios sabe (y mis cercanos) que en realidad llevo mucho más tiempo que eso viniendo de forma más o menos constante. Estoy próxima a estar en mi tercera casa oficial pero en realidad han sido unas siete en total solamente estando acá. En cambio, si abarcamos también mi región no-natal (Valparaíso) el número se extiende a diez. No creo que vivir en un lugar se trate de simplemente tener tus cosas y dormir de lunes a domingo, al menos hasta este momento siento que estoy lejos de tener todo eso y de vivir de una forma tranquila. De alguna manera podría hablar de todo lo que no es un hogar y a su vez de todas las aproximaciones que he sentido a eso con tantas personas que me han abierto su corazón para habitar en ellos, y creo que eso es lo más bonito de haber estado vagando tanto tiempo.
Me he visto vivir y morir de tantas formas. Mi pelo se caía a mechones y decidí cortarlo cada vez más porque pensé que mejoraría. Spoiler alert: mi suposición nunca fue cierta. Me daba risa que tanta gente conocida me dijera, finalmente cuando más corto estuvo que ahora sí parecía ñuñoina, pero pensé que nunca más iba a volver a intentarlo si no lo hacía ahora. Lo bueno de ahora es que se está llenando de rulos aunque me disgusta su etapa actual.
Me sigue costando comer, dormir y responder mensajes pendientes. Todo cambió por decisión y a su vez por consecuencia de esto. Ha sido un poco triste pero también es parte de la libertad que una decide seguir.
Todo esto me recuerda algo que una vez leí (y que no recuerdo si lo he citado antes o no):
En la vida somos tres sujetos: lo que somos, lo que queremos ser y lo que no queremos ser.
Yo al menos habito más entre los dos últimos.
domingo, 7 de mayo de 2023
7 de mayo una primera y última vez
Tengo el sueño liviano: anoche dormí mal una vez más. A menos de un mes de irme, en esta nueva casa he escuchado maullidos, cocinas muy tarde, gente orar antes de las 10 de la noche en el departamento del lado rezándose un credo completo, autos sobre los adoquines, una detención durante la madrugada a un weon que se metió a nuestros blocks, gente culear en el depto del lado en donde yo pensaba cómo no les distraerá que se golpee una y otra vez el respaldo de la cama en la pared?, probablemente ladridos de perros, probablemente gritos de niños. De todas formas sigue siendo menos que el depto anterior y quizás qué tanto será diferente con el siguiente.
miércoles, 5 de abril de 2023
escritos para un 5 de abril.
Sumida en la pena hoy. Entre mocos ficticios y no tanto. Pienso en escribir, en revistarte en fotos, en escribirte a ti. Algún día te dije palabras a la cara. Es lo que más agradezco. Suena un tema de Boraj, creo que siempre me va a impresionar las sensaciones que viví escuchándolos y saliendo de tu funeral.
Hoy me entero que mi madre no te va a ver porque no es capaz, y no porque es testaruda y desagradable.
Me refugio en imágenes y en escribirle y pensando en que nadie leerá nunca esto. Exponerme siempre me ha dado un poco lo mismo.
Las actuales mañanas frías con sol me recuerdan a la desesperación misma.
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mi cabeza se calmó un poco. La pena ya no me consume como antes.
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Mañana fría y soleada de otoño. Mi pieza, mi cama, yo dentro (spoiler: la desesperación misma). Suena un teléfono, contesta mi papá, se lo pasa a mi mamá, asiente, dice que bueno, que está bien. Yo sé que de eso se trata.
Hoy se cumplió el primer año desde que no estás. Pienso en escribirte palabras, pero es absurdo, porque no podrás leerlas. Al menos sé que "Lo que te conté mientras te hacías la dormida" estuvo bien, aunque cada vez lo recuerdo menos, y no sé si después lo pudiste o quisiste recordar tú.
Nunca me había tocado enfrentarme a la muerte, primero de esta manera y luego de tantas otras maneras en paralelo. No creo ni cagando en el destino pero tampoco en las coincidencias; supongo que todo pasa por algo, de esa forma (y de ninguna otra), en ese momento (y en ningún otro).
Las fotos que hoy dejo son del día de tu funeral y otros registros posteriores. Pasaron hartos meses para atreverme a revelarlas. Siento que dejar acá esas cosas es una ordinariez pero al menos siempre quise ser respetuosa contigo y las poquísimas fotos que te tomé en algunas ocasiones. Sin embargo siempre serán mi refugio.
martes, 21 de febrero de 2023
22 de febrero, en la madrugada.
Está sonando Falling Ashes de Slowdive. Estoy escribiendo para mi clase de mañana, para mi texto para la vida —mi vida actual—, el que promete ser una de las pocas cosas que me salve en este momento. A veces siento que estoy muriendo lentamente. No sé si cayendo de un abismo –porque eso es muy romántico y yo dudo mucho que lo sea–, pero sí cayendo de algo, desde el balcón de algún piso más o menos alto. Y me desespero. Y si es que no me he desesperado lo suficiente es porque estoy sumamente ocupada y eso me cansa, me agota, me aniquila el cuerpo.
domingo, 25 de diciembre de 2022
¿Cómo me acompaña la muerte?
Tomé el primer asiento que en realidad es el cuarto, pero sigo estando en primera fila. El chofer trae la puerta abierta, por lo que si bien a mi derecha voy viendo la carretera y gran parte de los cerros que rodean el valle, a mi izquierda todo lo que veo es todo lo que hace y trae: su teléfono dispuesto de tal forma en que puede tener la pantalla encendida y puede ir manejando a la vez, y una bolsa plástica de con comida adelante. De vez en vez se pone a manejar con los codos para alcanzar la bolsa. Es pan de pascua. Una parte de mí se siente mal por estar viajando un feriado irrenunciable.
Después de un buen rato en vez de pan de pascua saca una botella de Coca Cola de medio litro que tiene al lado, ya le quedan para unos tres últimos sorbos. Al costado una imagen de San Pío. Cuando lo reconocí de forma tan rápida y clara me sorprendo a mí misma, porque si bien soy la típica persona nacida en los 90 en una familia tradicional de clase media y con padres que se llaman a sí mismos católicos, ni cagando reconozco sus figuras y menos les regalo un rezo.
Pero ahí está entre mis recuerdos más cercanos y a la vez más dormidos: la pieza de mi abuela.
Y pienso en que justo hoy en la mañana la recordaba mucho, no sé qué exactamente, pero cada vez que vuelvo a mi pieza en Quillota veo la caja de jugo que me dieron en su funeral y que nunca me tomé pero que tampoco me atreví a botarla.
Más tarde caí en la cuenta que hoy era navidad, y que fue exactamente hace un año que nos vimos por última vez. Te llevamos galletas decoradas, cola de mono y el regalo de siempre. Te lo di con bombilla hasta que no quisiste más. De nuevo no supe qué conversarte porque me ponía ansiosa tu desencanto, pero no puedo expresar la felicidad que me daba cuando lográbamos que te rieras un poco, pero en serio. Recuerdo que nos despedimos de forma muy alegre, sabiendo que en siete días más nos veríamos de nuevo, para año nuevo. Qué iba a saber yo que días más tarde iba a decidir por primera vez no pasarlo acá, ni tampoco que no podríamos llegar para tu cumpleaños.
¿Cómo arranco la culpa de este cuerpo?