domingo, 5 de enero de 2025

segundo viernes

Ya llevo tres años acá. Veo las fotos que he hecho (y que he logrado revelar) y solo veo desesperación pura. Nada me atrae mucho y la única forma en que me guste lo que he rescatado son versiones bastante manoseadas y poco cuidadas y hoy pienso que no tengo ningún problema con eso. Veo y busco e intento mirar y encontrar algo que me muestre alguna versión de esta ciudad un poco más amable, pero no existe; todas las fotos son iguales al fin y al cabo. Pienso que afuera solo hay caos y destrucción y violencias y colapsos mentales y descompensaciones en la calle y nada ni nadie puede salvarme de eso. 

Hoy comencé un nuevo ritual de viernes por la tarde. Al terminar, retomé la costumbre de bajar por la escalera que se convirtió en un espacio sagrado desde hace más de un año. Comencé yendo hace diecisiete meses en una situación de desespero, tocando fondo. Entraba a la consulta y salía sin entender mucho las cosas, me sentaba en el suelo para procesar mejor todo, tomar agua, comer algo, mirar Santiago con vista oriente. A los meses comenzó a albergar además un nuevo proceso en que comencé un larguísimo (y quizás infinito) camino de aceptar e interiorizar mi diagnóstico, las maneras en que estaba viviendo y de las que ya no podía seguir más. A vivir con menos culpa por estar sumergida en las contradicciones. 

Pienso con ella en las fotos que hacía hace diez años. Algo cambió en mi yo adolescente que me empezó a empujar hacia un tipo de foto que ni yo entendía mucho. Sólo sé que tenía anhelaba algo del mundo, las construcciones, los imaginarios que creé sobre las viejas estructuras en medio del caos que pensé que jamás me podrían pertenecer. 

Hay partes de mí que rechazo constantemente y otras con las que intento ser más amable. Pero pienso que tal vez no fui tan ingenua después de todo, y que al final esas versiones mías se logran encontrar a pesar de todas las vueltas que nos dimos para llegar a donde estamos. En las fotos, en los espacios, en las luces que persigo. Todo se traduce en estados mentales que logro entender años después pero que primero fue el impulso de mis tripas intentando rescatar el mundo y hacerlo propio a través de mi cámara.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

5 diciembre 2024 - para hoy, ahora

Reviso el archivo que he construido durante tantos años y que a la vez demuestra —en su desorden actual— que he sido llevada por la inercia del caos y de todo esto que es bulla y que es mentira. 

Una vez vimos parte de mi archivo y me comentaron algo que me marcó para siempre: "No es lo mismo partir sacando fotos desde adulto que de los 15. Se nota que haces fotos desde que eras adolescente porque en tus fotos, en tus autorretratos de desnudo, se evidencia una violencia". ¿Cómo volver a ser la misma después de eso? ¿Cómo volver a hacer las mismas fotos de siempre ahora ya siendo consciente de esa verdad? Quizás hubo un antes y un después, al igual que de las cosas que he vivido, y que sólo sé retratar de una manera cruda tal cual estoy y me siento y existo en ese momento. 

Pienso también en todas las cosas que me traigo para que existan en conjunto conmigo. La percepción de hogar, que es tan difícil cuando en diez años te has oficialmente cambiado de casa unas 8 veces pero que en la práctica han sido realmente unas 12. 

Tantas veces he tenido la sensación de que todo me expulsa de sí mismo: Las personas, las casas, las ciudades enteras; por eso que me muevo y me asiento durante tiempos cortos para volver a repetir el ciclo. Pero dentro de la tranquilidad y la distancia puedo recordar y volver a tener presente: "Yo creo que si uno no huye, no se acerca a lo que uno desea acercarse". 

Pienso, entonces, que quizás no soy tan solo espectadora después de todo. Estoy acá y vivo y siento y pienso las cosas una y otra y otra vez, y acudo a alguien, y luego me arranco, y luego acudo a otro alguien, y luego me encierro, y luego lo escribo, y luego lo lloro, y luego descubro lo que siempre estuvo ahí: mis decisiones, tan válidas como siempre, a pesar de todos los temores y las desesperaciones y las frustraciones y las rabias y las penas y los dolores y los recuerdos y las canciones y las fotos y las cartas. A pesar de todo eso, que no es algo bueno ni mucho menos algo malo, pero que sí es real, sigo a esa fuerza que me empuja y me empuja y no se va a detener porque hay algo que me inquieta y ya no hay vuelta atrás. Y eso se siente súper bien. 

Todo esto está demasiado fresco y visceral pero tengo toda la certeza del mundo que será una parte importante de este archivo mental y físico que estoy construyendo todo el tiempo, constantemente. 

sábado, 13 de enero de 2024

12 de Enero

 Ayer mi mamá se animó a ver La Memoria Infinita y luego la comentamos un poco a través de mensajes. Me dijo varias cosas, entre ellas, sobre el privilegio que existe en el acceso a las terapias. 

Ayer también era tu cumpleaños. Se lo mencioné a mi mamá en medio de la conversación y obviamente ella se acordó desde el primer momento del día. Luego de eso hice el resto de mi día y en la noche soñé que le comentaba de tu historia a un ex compañero del colegio de la básica. Le contaba sobre la única vez que te vi llorar, cuando te lanzaste sobre el cajón de compañero. También sobre lo difícil que habían sido todos estos años para ti, lo difícil que se me hacía hablarte cuando no obtenía respuestas claras de tu parte, y que sin embargo pude tener la valentía de despedirme de alguna manera (creo que aún me tiembla el cuerpo si pienso en esa tarde). 

Pienso en que la última vez que te ví fue hace un poco más de dos años, que la pasamos bien. Pienso también en cómo estará tu cuerpo, si ya serás solamente huesos, si alguna vez podrás descansar de verdad. Antes cualquier cosa que me recordara a ti me hacía llorar, ahora ya no me quiebro como antes sin importar el contexto; de todas formas, eso no está mal. Me doy cuenta de lo mucho que me cuesta asimilar los cambios y las muertes, y en que tal vez no podré sanar. Pienso en hace dos años, de todas las despedidas conscientes e inconscientes que tuve que hacer, y en todo lo que hago ahora.

 ¿Te habré agradado con pelo corto? ¿Qué pensarías ahora si te contara de mi diagnóstico? ¿Pensarías también en hacértelo y encontrarías algo de sentido a tu vida, o habrás pensado que es una tontera más? ¿Me habrías acompañado a mis exposiciones? ¿Hubieras dejado que te retratara con tus flores? 

Hace tiempo no soñaba contigo. Creo que anoche, aparte de hablar sobre ti ya consciente de tu muerte y del presente, tenía algunos recuerdos vívidos de ti estando viva antes de todo lo que sucedió. Recuerdo que la última vez que te escuché claramente fue también mientras soñaba, quizás solo un tiempo después de eso. La pieza en donde conversábamos nunca fue la tuya y sin embargo pude fotografiar una esquina. Ahora pienso que mis recuerdos son tan imprecisos y débiles que sólo lo puedo recordar a través de algunas fotos y algunos sueños que se apoyan mutuamente. 

El tiempo pasa demasiado rápido y a veces siento que me arrolla. Y sin embargo sigo hablando de lo mismo de siempre. 

viernes, 6 de octubre de 2023

Agosto 2023: primer o segundo día de licencia psiquiátrica.

Alguna vez estuve parecido, pero nunca como ahora. Pienso que cada vez es un "nunca antes como ahora" porque sí, cada caída ha terminado resultando un poco peor que antes. Hice estas fotos para mantenerme a flote, para obligar a mirarme, para no sentir tanto desagrado, y finalmente, para recordar que algún día estuve como estuve: eso es lo principal y más importante de mis fotos.

Hace casi un año exactamente me corté el pelo, corto muy corto. Ahora salieron muchos rulos pero ya alcanzo a hacerme una colita. El tiempo pasa más lento que la chucha y sin embargo siento que estos casi nueve meses completos de este año no los he vivido. Santiago me ha destruido de muchas formas y así mismo —supongo—voy a volver a nacer, sin embargo, sigo aquí dentro, de esta ciudad, de este edificio, de este departamento, de esta cama, de mí misma. Me pregunto cómo recordaré todo este tiempo en el futuro cuando ya no esté acá; un alivio, probablemente.

(foto) 

miércoles, 4 de octubre de 2023

 Ha estado bien este tiempo. Necesito de las pausas, de los descansos. Me

viernes, 8 de septiembre de 2023

Un viernes: Ausencia

 Son las 17:28 de un viernes y estoy terminando de almorzar. Me costó mucho hacerlo, así como me cuesta mucho la vida en general desde hace harto tiempo. Llevo posponiendo desde ayer preparar —por fin— mis químicos para revelar —por fin— mis rollos que llevan más de dos años esperándome. Llevo posponiendo también hacer cosas que tienen que ver con encontrar un nuevo trabajo, por ejemplo, mientras me decido a dejar el actual en el que legalmente aún estoy. Mentalmente hace rato que ya no estoy. Creo que esta es mi tercera semana de licencia y qué bueno que he tenido la posibilidad de no estar allá, porque francamente me siento pésimo desde hace meses. No sé cuánto puede aguantar un cuerpo por cumplir o por la poca fortaleza de algún cambio, pero yo ya no aguanto más cambios, así que decidí optar con aguantar, cosa que tampoco estaba logrando muy bien. 

Hay muchas cosas que tengo pendientes pero que no hago porque me toma la vida empezar algo, salir de este estado de latencia infinita. A veces siento pausas, otras veces lagunas. De repente cuando siento rabia siento rabia de nuevo contra mi cuerpo, hasta ahora sigo sin descontrolarme. 

Qué bueno que hoy no estoy en ese asado que había decidido hace un mes no ir. Lo bueno es que me tuve que ahorrar todas las insistencias de quién sabe cuántas personas. La gente respeta más un papel con un diagnóstico que las emociones y eso me está destruyendo. A veces ya no sé muy bien qué hacer dentro de este cuerpo que a ratos pienso en dañar. Lo bueno es que cada vez son menos esas ganas, supongo las pastillas han hecho efecto aparte de hacerme dormir mal y provocarme bruxismo.

miércoles, 9 de agosto de 2023

 Mira el cielo ceder

y a la tierra después



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Déjate caerDéjate caerLa tierra está al revésLa sangre es amarillaDéjate caer
El viento ya no soplaLa boca bien cerradaAmárrate los piesPiensa en tu madreY déjate caer
Mira al cielo cederY a la tierra despuésVuelve a creerLa sangre es amarillaDéjate caer
Las olas ya no mojanLa ira de las rocasAmárrame otra vezUn beso a mi madreY déjame caer
Mira al cielo cederY a la tierra despuésVuelve a creerLa sangre es amarillaDéjate caer
Consuélame otra vezPorque no pienso volverEl suelo tiene sedLa vida es imprecisaDéjate caer
Las horas no demoranA mi alma desertoraExplícalo muy bienSe abre la tierraEl cielo esta a mis pies

martes, 8 de agosto de 2023

Esto sí es de hoy: 8 de agosto.

 Medio día. En verdad más que medio día. son las 13:11 hrs con hambre y sueño. Anoche dormí pésimo. Me desperté a muchas horas. Transpiré mucho, me moví mucho, me dio mucho frío también. Tenía mucha sed. Soñé muchas cosas. Una vez más con la Sofi. No entiendo por qué pasa lo que pasa en ocasiones. 

Anoche volví a pintar después de años. Siento que me pasó lo mismo de esa vez en el 2012 que después en la noche soñaba con explosiones de colores que hasta ahora recuerdo. Al final estaba delirando, tenía fiebre y era producto de la amigdalitis. Nunca fue producto de la emoción. Ahora podría decir lo mismo: no es producto de una emoción, es producto de mi ansiedad con la que ya no puedo más. 

Intenté ir a psiquiatra pero tuve que cancelar. 90mil pesos costaba la consulta. Eso es más del 10% de mi sueldo. Aún así, gracias a ese sueldo, creo que radica el 90% de mi infelicidad. El otro diez restante podría rendírselo a mi pasado. 

No-borrador no-infinito de ayer: 7 de agosto.

 Leer a otros me hace bien. De alguna u otra forma es como un empujoncito a correr. A correr a escribir. O a andar en bicicleta, tal como lo hizo la Caro en una tarde de verano cuando éramos niñas. Nuestros paseos en bicicleta son de las mejores cosas que recuerdo, también la emoción de no haberme caído y haber seguido sola en el camino. 

A veces pienso que estoy en algo así ahora. No sé cuánto dure ese ahora, pero sigo sumergida en él tal como sigo sumergida en esta ciudad en la que decidí adentrarme. Desde junio que convivimos en este nuevo de partamento y está dentro de un condominio. Vivo en una calle muy transitada, en la cuadra que da entre dos calles aún más transitadas en en centro de la gran capital de lo que es Chile. Pero estoy escondida, hacia dentro. A veces pienso que mi realidad actual se ve reflejada en eso, en mi espacio. Veo luz y calidez en mis paredes por reflejos de otras ventanas que tengo pegadas a mí. Pero no es tan terrible como a veces piensan. 

Dejé de insistir en aparentar esto que llevo encima. No sé bien qué es, no creo tampoco que alguien pueda lograr entenderlo. No sé si es la acumulación de sucesos, la acumulación de traiciones, o la acumulación de abusos. Súmale a eso la acumulación de exceso de estímulos que no quiero vivir pero que vivo a diario estando acá. Yo sé que hay muchas cosas por las cuales no quejarse pero a veces siento que no puedo seguir viviendo. Estoy acá en mi trabajo escribiendo esto y son las 15.25 hrs de un día lunes, es decir: la pena no se remite a los estados de soledad ni tampoco de falta de energía. Tengo sueño como para una siesta, sí, pero eso es normal. En realidad todos los días tengo sueño como para una siesta. Pero voy a que no es tanto como para que mi cuerpo me haga sentir excesivamente deprimida y así tener ganas de no vivir. No sé si precisamente en este momento tengo ganas de no-vivir, sin embargo, no tengo ganas de ir -nuevamente- al gimnasio porque me quedaría encerrada escribiendo, reparando mi cámara estenopeica, pintando, conociendo mis colores, re-aprendiendo a dibujar. Estoy en un momento más adentro que nunca y siento que todo lo exterior me ahoga como si de ahogarse se tratara la vida. No quisiera preocupar a nadie en realidad, estoy un poco cansada de eso. Pero al final igual termina pasando. Siento que no estoy disponible para nadie más que para mí misma, con suerte, para mí misma. Me pregunto entonces si seré merecedora de amor y compasión. A veces creo que no. Y eso no está bien pero el resto tampoco se merece mi —mala— presencia. 

Gracias Javi por el Tofu y las papitas duquesas y el quequito de anoche con chocolate y nueces y por el pancito con huevo revuelto envuelto en papel de aluminio y por el queque que me cortaste y envolviste hoy en la mañana y por irme a dejar en buzo al metro y por los besitos que me das cada día cuando ya no puedo seguir existiendo. Me gustaría mucho poder entregarte eso y tanto más. Un elefante está pisando mi pecho. No sé si es la emoción de amarte o si es el mareo de lo mal que me siento por seguir viva aquí en esta oficina de la cual ya no me siento tan ajena pero que ni por costumbre podría sentirme algún día bien. 

viernes, 19 de mayo de 2023

 Encontré una nota de hace un tiempo que decía: Sacar fotos es obligarte a mirar tus heridas. Antes mis fotos cumplían uno, dos, o tres años, y sucede que ya desde el año pasado empezaron a cumplir diez. Desde ahora mis primeras fotos análogas empiezan también a cumplir una década. Y vaya que uno piensa que lo cotidiano nunca va a terminarse a veces, o al menos veo esas fotos, me veo a mí en esos recuerdos, y ahí está todo: las amistades, los chalecos favoritos, las luces de las casas favoritas, las plazas. 

Lo primero que hoy ví —después de los últimos mensajes que me envió anoche Javi y que yo veo leo despierto— fue que se murió el bajista de los Smiths. Obvio que no pienso diariamente en si estarán vivos o estarán muertos porque simplemente ahí están, compartiendo este plano terrenal conmigo a pesar de que nunca se van a enterar que existo. Y como una necesidad absurda cuando ocurren estas muertes repentinas escuché todo el día sus discos. Hace diez años no había día en que no los escuchara y creo que no hay canción que no me encante de ellos. Pensé también en que el primer disco que me compré, Strangeways, Here We Come, me lo compré el 2016 en mi segundo año de U cuando recién me acostumbraba un poco más a esa nueva vida que había partido un año antes.  Una de mis primeras cianotipias que hice cuando por fin dominaba bien la técnica, ya en el verano del 2018, fue la imagen de la portada del Rank. 

Y así, cada canción banda o disco lo relaciono sin querer a épocas de mi vida bien determinantes y fotos que no sabía que serían tan relevantes para mí en el futuro. 

A veces me impaciento mucho cuando no me está gustando lo que hago —esa necesidad absurda de producir obras—, pero me recuerdo que antes soy persona y que en un par de años más tal vez rescate unas 10 fotos en total de todo este año o de todo este tiempo habitando en Santiago. 

lunes, 8 de mayo de 2023

ñ

Tengo el sueño liviano: [ante]anoche dormí mal una vez más. A menos de un mes de irme, en esta nueva casa he escuchado maullidos, cocinas muy tarde, gente rezando y pidiéndole cosas a dios antes de las 10 de la noche en el departamento del lado, autos sobre los adoquines, una detención durante la madrugada a un weon que se metió a nuestros blocks, gente culear en el depto del lado en donde yo pensaba cómo no les distraerá que se golpee una y otra vez el respaldo de la cama en la pared?, probablemente ladridos de perros, probablemente gritos de niños. De todas formas sigue siendo menos que el depto anterior y quizás qué tanto será diferente con el siguiente. 

Estoy por cumplir un año estando acá en Santiago, aunque dios sabe (y mis cercanos) que en realidad llevo mucho más tiempo que eso viniendo de forma más o menos constante. Estoy próxima a estar en mi tercera casa oficial pero en realidad han sido unas siete en total solamente estando acá. En cambio, si abarcamos también mi región no-natal (Valparaíso) el número se extiende a diez. No creo que vivir en un lugar se trate de simplemente tener tus cosas y dormir de lunes a domingo, al menos hasta este momento siento que estoy lejos de tener todo eso y de vivir de una forma tranquila. De alguna manera podría hablar de todo lo que no es un hogar y a su vez de todas las aproximaciones que he sentido a eso con tantas personas que me han abierto su corazón para habitar en ellos, y creo que eso es lo más bonito de haber estado vagando tanto tiempo. 

Me he visto vivir y morir de tantas formas. Mi pelo se caía a mechones y decidí cortarlo cada vez más porque pensé que mejoraría. Spoiler alert: mi suposición nunca fue cierta. Me daba risa que tanta gente conocida me dijera, finalmente cuando más corto estuvo que ahora sí parecía ñuñoina, pero pensé que nunca más iba a volver a intentarlo si no lo hacía ahora. Lo bueno de ahora es que se está llenando de rulos aunque me disgusta su etapa actual. 

Me sigue costando comer, dormir y responder mensajes pendientes. Todo cambió por decisión y a su vez por consecuencia de esto. Ha sido un poco triste pero también es parte de la libertad que una decide seguir. 

Todo esto me recuerda algo que una vez leí (y que no recuerdo si lo he citado antes o no): 

En la vida somos tres sujetos: lo que somos, lo que queremos ser y lo que no queremos ser.  

Yo al menos habito más entre los dos últimos.

domingo, 7 de mayo de 2023

7 de mayo una primera y última vez

 Tengo el sueño liviano: anoche dormí mal una vez más. A menos de un mes de irme, en esta nueva casa he escuchado maullidos, cocinas muy tarde, gente orar antes de las 10 de la noche en el departamento del lado rezándose un credo completo, autos sobre los adoquines, una detención durante la madrugada a un weon que se metió a nuestros blocks, gente culear en el depto del lado en donde yo pensaba cómo no les distraerá que se golpee una y otra vez el respaldo de la cama en la pared?, probablemente ladridos de perros, probablemente gritos de niños. De todas formas sigue siendo menos que el depto anterior y quizás qué tanto será diferente con el siguiente. 

miércoles, 5 de abril de 2023

escritos para un 5 de abril.

 Sumida en la pena hoy. Entre mocos ficticios y no tanto. Pienso en escribir, en revistarte en fotos, en escribirte a ti. Algún día te dije palabras a la cara. Es lo que más agradezco. Suena un tema de Boraj, creo que siempre me va a impresionar las sensaciones que viví escuchándolos y saliendo de tu funeral. 

Hoy me entero que mi madre no te va a ver porque no es capaz, y no porque es testaruda y desagradable. 

Me refugio en imágenes y en escribirle y pensando en que nadie leerá nunca esto. Exponerme siempre me ha dado un poco lo mismo. 

Las actuales mañanas frías con sol me recuerdan a la desesperación misma. 

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mi cabeza se calmó un poco. La pena ya no me consume como antes. 

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Mañana fría y soleada de otoño. Mi pieza, mi cama, yo dentro (spoiler: la desesperación misma). Suena un teléfono, contesta mi papá, se lo pasa a mi mamá, asiente, dice que bueno, que está bien. Yo sé que de eso se trata. 

Hoy se cumplió el primer año desde que no estás. Pienso en escribirte palabras, pero es absurdo, porque no podrás leerlas. Al menos sé que "Lo que te conté mientras te hacías la dormida" estuvo bien, aunque cada vez lo recuerdo menos, y no sé si después lo pudiste o quisiste recordar tú. 

Nunca me había tocado enfrentarme a la muerte, primero de esta manera y luego de tantas otras maneras en paralelo. No creo ni cagando en el destino pero tampoco en las coincidencias; supongo que todo pasa por algo, de esa forma (y de ninguna otra), en ese momento (y en ningún otro). 


Las fotos que hoy dejo son del día de tu funeral y otros registros posteriores. Pasaron hartos meses para atreverme a revelarlas. Siento que dejar acá esas cosas es una ordinariez pero al menos siempre quise ser respetuosa contigo y las poquísimas fotos que te tomé en algunas ocasiones. Sin embargo siempre serán mi refugio. 











martes, 21 de febrero de 2023

22 de febrero, en la madrugada.

 Está sonando Falling Ashes de Slowdive. Estoy escribiendo para mi clase de mañana, para mi texto para la vida —mi vida actual—, el que promete ser una de las pocas cosas que me salve en este momento. A veces siento que estoy muriendo lentamente. No sé si cayendo de un abismo –porque eso es muy romántico y yo dudo mucho que lo sea–, pero sí cayendo de algo, desde el balcón de algún piso más o menos alto. Y me desespero. Y si es que no me he desesperado lo suficiente es porque estoy sumamente ocupada y eso me cansa, me agota, me aniquila el cuerpo. 

Pienso en la música que me hace sentir tanto, la puse precisamente por eso, porque es la única forma de volver a mí, y centrarme, concentrarme. Y estoy ensimismada, pero esta vez contigo. Ahí estás, mientras yo en la mesa, tú en el sillón, durmiendo sin haberlo buscado. Tu respiración es fuerte y a la vez suavecita (como tu piel). Te escucho, te siento. Sé que siempre estás ahí. Te mueves a veces. Podrías irte a dormir, te lo dije y me dijiste que estabas bien ahí —aquí, juntos—. No quise insistir de más. 

Creo que es primera vez que puedo escribir algo tan íntimo con alguien presente. Gracias por no preguntarme nada de lo que estaba haciendo, porque eso me hubiera sacado de mi mood y de mi concentración que tanto me cuesta alcanzar. Pegué las fotos en la pared para tener la referencia visual. Está bien, está todo bien. 

Agradezco tanto tu presencia. Actualmente pienso que no podría estar sin ti. En verdad siempre se puede solo pero la vida es mejor acompañada. Creo que al menos esto me está demostrando que puedo lograr estar conmigo misma si estás tú acá. Nada invasivo. Te quiero un montón. La vida es bacán contigo, Javi. 

No creo que haya sido coincidencia que esté sonando ese tema mientras escucho tu respiración desde atrás. Sé que la música no es lo que nos une pero me emociona tremendamente compartir estas cosas que me hacen sentir tanto. Existen tantos lugares por donde puedo quererte que me sorprende y a veces siento que el amor y la emoción me invade y me llena por todos lados.  

domingo, 25 de diciembre de 2022

¿Cómo me acompaña la muerte?

 Tomé el primer asiento que en realidad es el cuarto, pero sigo estando en primera fila. El chofer trae la puerta abierta, por lo que si bien a mi derecha voy viendo la carretera y gran parte de los cerros que rodean el valle, a mi izquierda todo lo que veo es todo lo que hace y trae: su teléfono dispuesto de tal forma en que puede tener la pantalla encendida y puede ir manejando a la vez, y una bolsa plástica de con comida adelante. De vez en vez se pone a manejar con los codos para alcanzar la bolsa. Es pan de pascua. Una parte de mí se siente mal por estar viajando un feriado irrenunciable. 

Después de un buen rato en vez de pan de pascua saca una botella de Coca Cola de medio litro que tiene al lado, ya le quedan para unos tres últimos sorbos. Al costado una imagen de San Pío. Cuando lo reconocí de forma tan rápida y clara me sorprendo a mí misma, porque si bien soy la típica persona nacida en los 90 en una familia tradicional de clase media y con padres que se llaman a sí mismos católicos, ni cagando reconozco sus figuras y menos les regalo un rezo. 

Pero ahí está entre mis recuerdos más cercanos y a la vez más dormidos: la pieza de mi abuela. 

Y pienso en que justo hoy en la mañana la recordaba mucho, no sé qué exactamente, pero cada vez que vuelvo a mi pieza en Quillota veo la caja de jugo que me dieron en su funeral y que nunca me tomé pero que tampoco me atreví a botarla. 

Más tarde caí en la cuenta que hoy era navidad, y que fue exactamente hace un año que nos vimos por última vez. Te llevamos galletas decoradas, cola de mono y el regalo de siempre. Te lo di con bombilla hasta que no quisiste más. De nuevo no supe qué conversarte porque me ponía ansiosa tu desencanto, pero no puedo expresar la felicidad que me daba cuando lográbamos que te rieras un poco, pero en serio. Recuerdo que nos despedimos de forma muy alegre, sabiendo que en siete días más nos veríamos de nuevo, para año nuevo. Qué iba a saber yo que días más tarde iba a decidir por primera vez no pasarlo acá, ni tampoco que no podríamos llegar para tu cumpleaños. 

¿Cómo arranco la culpa de este cuerpo? 

lunes, 5 de septiembre de 2022

despertar de noche

 Voy viajando entre cerros. Hay una tranquilidad que me inunda de alguna manera porque voy hacia el poniente, hacia al atardecer, como si de alguna manera estuviera persiguiéndolo. Sé que hacia esos colores está el mar, sé que podría llegar y hundirme en su sonido. 

Vivo entre cerros, entre cerros y el mar. Cerros que me protegen, pero que a la vez también me aíslan.

Ya se hizo de noche, ya no veo nada. Me sumerjo en un viaje sonoro. Hay un montón de cosas que no entiendo y me gustaría tener respuesta para ellas. Esta es en parte la vida que imaginé, pero siento que estoy jugando a ella. No sé en qué momento se va a derrumbar. Quiero preservarla. Se me va a ir. 

¿Habrá algún momento en que funcione de forma pausada y ordenada, sin que mi corazón se detenga? Supongo que eso es lo único a lo que aspiro.

[viernes 2 de septiembre]


Acabo de despertar de una siesta nocturna, esas son las peores. Desorientada, un poco deprimida. ¿Estoy sola en la casa? Al rato noto que sí. Tengo cosas que hacer, la primera de ellas es tomar agua. La segunda es alimentarme. Lo estoy logrando de a poquito. Veo esos grises y blancos y negros y movimientos y profundidades y recuerdo de dónde vengo y hacia dónde quiero ir. Estoy bien acá. Está intenso el proceso.

Como escribió para sí misma la Sofi el otro día, 

"Paciencia perrita que lo bueno llega lento, aunque el fuego interno lo quiera quemar todo. Ante todo tranquilidad."

Yo siento que constantemente me comunico con mis amores de distintas formas a pesar de la distancia. Y me hace sentir en paz. 


[martes 6 de septiembre, 00:19 hrs].

domingo, 4 de septiembre de 2022

 Voy hacia el lado izquierdo del vehículo. Siempre fue ese mi lugar, sentada detrás de mi papá cada vez que los cuatro andábamos en auto. De cierta forma me acomodaba porque como soy zurda, el cinturón pasaba por mi lado izquierdo. Aún así, no tenía ni un problema con cambiar de lado el asiento cuando tenía la suerte de ir de copiloto, y por consecuencia, cambiar de dirección el cinturón. En ese sentido siempre he estado obligada a ser versátil en cuanto a aprender nuevas cosas con mis manos —y mi cuerpo—. Las cosas y la vida están hechas para diestros, por eso siempre mi razonamiento funciona como un espejo para aprender a hacer las cosas de igual forma para que quien me enseñe no se complique al hacerlo. 


Ir a este lado del bus me trae ventajas y desventajas. 

Primero, lo que no me gusta: ir al lado de los autos que vienen en contra. Eso de noche me resulta sumamente molesto porque las luces me llegan en la cara y resulta que soy súper sensible a los estímulos lumínicos —y sonoros—. Yo no sé si me molestará el doble o el triple al chocar con el vidrio de la ventana y luego con el vidrio de mis lentes que se hace aún más extenso y más molesto. Además, interfieren con fotos que pudieron haber sido aún más buenas si no fuese porque un auto se cruzó, aunque esto es relatico: muchas veces los autos cruzándose han sido la única gracia de mis fotos.

Ahora, lo que sí me gusta: Tengo una ridícula obsesión con la oxidación de los materiales y aún más los carteles de carretera. Nada nuevo bajo el sol, solo soy una más entre otros 500 o 5.000 fotógrafos que hacemos fotos de lo mismo. Pero filo, de igual forma me emocionan. Es bueno verlos por su parte trasera, es una expectación tremenda por saber si al otro lado habrá algo o si efectivamente el tiempo y la humedad hicieron lo suyo quizás desde hace cuánto tiempo. Es mejor que en mis fotos los carteles salgan anónimos que con una publicidad horrible. Y segundo, una vez leí que las personas que nos sentábamos al lado izquierdo de los buses teníamos menos probabilidad de morir en un accidente porque el conductor de forma natural intentará girar hacia su propia integridad (o una wea así). 






sábado, 3 de septiembre de 2022

(desde hoy)

miércoles, 16 de marzo de 2016

todo
sigue

y sin sanar


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si no
conocemos
lo disfrutable de nuestro cuerpo

¿por qué luchamos?


Hola. Llegué hasta acá no se como pero me gustó. Son lindas las cicatrices. Cuentan una historia. Hay gente zombie que no las tiene y se olvidaron de sentir.

Abrazos!

Sol.

 Necesito escribir y no lo estoy logrando.


Necesito hacer tantas cosas

y no las estoy logrando

"No te suicides

porque si eso pasa

no sé si dejaría de llorar"