Ya llevo tres años acá. Veo las fotos que he hecho (y que he logrado revelar) y solo veo desesperación pura. Nada me atrae mucho y la única forma en que me guste lo que he rescatado son versiones bastante manoseadas y poco cuidadas y hoy pienso que no tengo ningún problema con eso. Veo y busco e intento mirar y encontrar algo que me muestre alguna versión de esta ciudad un poco más amable, pero no existe; todas las fotos son iguales al fin y al cabo. Pienso que afuera solo hay caos y destrucción y violencias y colapsos mentales y descompensaciones en la calle y nada ni nadie puede salvarme de eso.
Hoy comencé un nuevo ritual de viernes por la tarde. Al terminar, retomé la costumbre de bajar por la escalera que se convirtió en un espacio sagrado desde hace más de un año. Comencé yendo hace diecisiete meses en una situación de desespero, tocando fondo. Entraba a la consulta y salía sin entender mucho las cosas, me sentaba en el suelo para procesar mejor todo, tomar agua, comer algo, mirar Santiago con vista oriente. A los meses comenzó a albergar además un nuevo proceso en que comencé un larguísimo (y quizás infinito) camino de aceptar e interiorizar mi diagnóstico, las maneras en que estaba viviendo y de las que ya no podía seguir más. A vivir con menos culpa por estar sumergida en las contradicciones.
Pienso con ella en las fotos que hacía hace diez años. Algo cambió en mi yo adolescente que me empezó a empujar hacia un tipo de foto que ni yo entendía mucho. Sólo sé que tenía anhelaba algo del mundo, las construcciones, los imaginarios que creé sobre las viejas estructuras en medio del caos que pensé que jamás me podrían pertenecer.
Hay partes de mí que rechazo constantemente y otras con las que intento ser más amable. Pero pienso que tal vez no fui tan ingenua después de todo, y que al final esas versiones mías se logran encontrar a pesar de todas las vueltas que nos dimos para llegar a donde estamos. En las fotos, en los espacios, en las luces que persigo. Todo se traduce en estados mentales que logro entender años después pero que primero fue el impulso de mis tripas intentando rescatar el mundo y hacerlo propio a través de mi cámara.